Sunday, April 28, 2013

En el andén

Suspendida,
como un péndulo.
Las alas extendidas de la culpa.

Flotando
sobre tu desenlace.

Suspendida.
Sólo un rizo te mantiene despierta.

Rota,
con el pecho quebrado
entre tu amor y tu infortunio.

Vuelas, Ana
sobre sus ojos pardos.
Sientes el suspiro
de la muerte tras tu oreja.

Suspendida,
ninfa ultrajada
que ha perdido la senda.

Llegas marchita
al andén de tu despedida.

Suspendida,
tu amor, un péndulo inerte
detenido entre dos senderos.

Flotas
como si pesaras lo que pesa
un pétalo de aquella luna.

Te inclinas, resignada,
quebrada en aquel mapa de hielo.

Suspendida de un suspiro
va la noche esperando tu regreso.
Tiemblan tus manos,
toda tú, tiemblas.

Tiembla el beso trunco
de aquel amanecer sin lumbre.
La asfixia de ese preludio de amor
que llegó en un tren
donde hoy muere tu olvido.

Suspendida,
te dejas caer como el otoño.

Y ya no vuelas.



Friday, December 21, 2012

Marea muerta

Sálvame de ti
marino huracanado.
Muérdeme los huesos
que tatuaste con tu voz.

Arrástrame este mar
de tempestades con insomnio
en la playa encandilada
de las noches que me robas.

Salado, salado, dulce,
tibio como nuestra luna.

Ahógame en tu isla, capitán,
que los mapas ya no duermen.
Que mi única cartografía
es un beso en espiral
donde sólo tú comienzas,
donde solo yo zambullo
mis pasos, mi lengua, tu todo.

La arena de tu playa
me muerde los talones.
Y tu barca me escupe,
y mis lirios te arrullan.

Devuélveme, capitán
a las inútiles horas de tu ausencia.

Porque hay amores que solo viven en naufragio
y hay olas que de tanto amar se secan.

Tuesday, December 11, 2012

Sin título

Quemo en tu desierto de sábanas
las cruces que tatuaste
en mi hombro izquierdo.

Desarropo el sol de tu frente
con los callos que me quedan en la mano.
Me bebo el calor de tu cactus
que se derrite cuando das la espalda.

Ruedo por las dunas de tus dientes,
tus colmillos me penetran
como arena enmohecida en mis pestañas

Y te vuelves torbellino de aguas rojas
como las del mar que habitó este hueco
donde ahora sólo hay médanos,
escorpiones y tu polvo.

Porque me arrojo al Levante que te trae
para envolverme en los trapos de tu sed,
de la que no sació el espejismo
de tu arenal baldío y desolado.

Sin diluvio ni arca que me ampare,
me diseco en el oasis de tu cama.

(12-3-2009)

Wednesday, January 25, 2012

Equipaje... o "Viajar como escape - Semana 6"

Maleta rota
maleta abierta
que espera rodar por correas de luces
salir escapando por salidas de emergencia
que cargan más maletas por pasillos
que atraviesan y se caen
Maletas rojas, blancas, grises
con color y sin color al mismo tiempo
en que las abro,
las lleno,
las peso,
las siento
como guardan secretos que nadie debe decir.

-febrero de 2009

NOTA: Este poema fue escrito como parte de un ejercicio de "flujo de conciencia" en 2009 y ahora lo comparto para aportar al ejercicio al que me invitó una queridísima amiga (Marlyn Cruz Centeno). Se trata de "una serie de trabajos creativos a partir de las reglas/ejercicios del libro La Macacoa, vivirse la creación literaria de la reconocida esritora Yolanda Arroyo Pizarro. Los mismos serán publicados durante 10 semanas consecutivas, cada miércoles...".

Thursday, January 12, 2012

Noche

Iba por el segundo cigarrillo cuando se rompió el silencio que antes decoraba únicamente el ronroneo del aire acondicionado.

“¿Tienes el cambio exacto?”, escuchó.

Él apagó el cigarrillo. Buscó en el bolsillo de atrás de su pantalón. Sacó su billetera y la giró cuidadosamente para que no se viera su licencia de conducir. Contó los billetes y se los dio.

Cuando se abrió la ventanita, apareció un par de manos. Eran oscuras, callosas, seguramente con alguna marca de lodo entre las uñas. Allí, Ella depositó el dinero. Cerró con cuidado la ventanita, segura que el de las manos seguiría allí por unos segundos tratando de adivinar sus rostros, de inventar la historia de esos dos.

Él se acercó y deslizó un dedo por debajo de su falda. Temblaba. Lo hacía casi al compás del aire acondicionado. Empezó a subir por sus muslos, mientras Ella intentaba controlar la respiración. Él tenía las yemas de los dedos suaves, sudorosas –o quizás el sudor era el de Ella. Nunca lo sabrán. El dedo índice rozó el borde de sus pantaletas. Las había comprado un mes antes. Estaban ocultas detrás de otras color negro en la tienda. Tan pronto las tocó, supo que tenía que comprarlas, aunque no tenía idea de cuándo las usaría. No alcanzó a recordar bien las palabras de la vendedora de la tienda, cuando sintió que Él presionaba sus dedos. Entonces, Ella lo detuvo.

“Háblame un poco antes”.

“¿Qué quieres que te diga?”, respondió Él, confundido.

“Cualquier cosa. No sé… ¿De dónde eres?”.

“No vivo cerca de aquí”, comenzó a inventar Él. “Vine solamente por trabajo… Es la primera vez que voy a ese bar”.

“Ok, mejor no digas nada más. Es mejor así”, interrumpió Ella y se soltó un botón de la blusa. Él intentó ayudarla, pero Ella no se lo permitió. En cambio, tomó su mano y la llevó nuevamente debajo de la falda. Esta vez, los movimientos fueron más rápidos. Al acercar sus dedos, él sintió la humedad. Y nuevamente, Ella respiró acelerada. Él dibujó un camino imaginario mientras se acercaba a su pubis.

“¿Te molesta si apagamos la luz?”, volvió a interrumpir Ella. Esta vez, sin el tono grave de su voz, que parecía sacado de una línea telefónica para adultos.

Él, cansado ya de tanta interrupción, sólo movió su cabeza en negación. Ella se estiró hasta la lámpara. Unos segundos más y ya estaba todo oscuro. A Él le costará recordar ese momento. Sólo se veían los números fosforescentes del reloj barato encima de la mesita de noche, y el segundero que avanzaba sin piedad anunciando que era casi media noche.

Estaban sentados a pocas pulgadas en la cama y Él podía casi saborear su olor. Era una mezcla de musgo y rosas; seguramente por el jabón perfumado que Ella usó antes de salir de su casa. A tientas, se acercó para besarla. Se mojó los labios, tocó los de Ella, pero no se abrían. Presionó sutilmente con su lengua. No hubo respuesta. Tocó su hombro con la mano izquierda, con la derecha se deslizó desde su tobillo hasta su cuello, pasando por la cintura, su abdomen y sus pechos. Ella seguía estática, aumentando el ritmo de su respiración.

“¿Te pasa algo?”, le cuestionó Él.

“Nada, es que estoy nerviosa. No me hagas caso. Sigue”.

Cómo no iba a estarlo. Salió de su casa a las ocho de la noche. Llegó al bar a las 8:45. Se tomó un trago que a los diez minutos ya era más agua que alcohol. Mientras movía los pocos trozos de hielo que aún no se derretían, lo vio al otro lado de la barra. Estaba solo. Vestía corbata color vino, camisa blanca, traje negro. Llevaba el pelo impecable, brilloso y estirado hacia atrás. Negrísimo. La mirada perdida; una mezcla entre ternura y perversión. Era exactamente como Ella lo deseaba. Se quedó mirándolo fijamente hasta que Él le respondió la mirada. Dudoso, le sonrió para saber si era a él a quien miraba con tan poco disimulo. Ella se acercó y se sentó a su lado. Inició la conversación como pudo e intentando no dar demasiados detalles de su vida. Él tampoco dijo mucho. Rieron acerca de cualquier cosa. Tomaron un trago más y salieron de allí. El trayecto tampoco fue muy distinto. Poca conversación, un ligero roce de manos, el sonido inquietante de las canciones techno que Él prefería escuchar. Y ahora estaban allí, en un intento de beso, en un experimento de carnes que no prometía, en un baile de máscaras en la cama de un motel.

Empezó a quitarle la blusa y a acariciarle el pelo. Era suave y también olía bien, aunque no lo suficiente para opacar el olor a musgo que emanaba de debajo su falda.

“¿En qué piensas?”, espetó Ella y rompió nuevamente con el toqueteo.

“No pienso en nada”, explicó furioso. Intentó continuar quitándole la blusa y cualquier pedazo de tela que continuara separándolos.

“¿Cómo es que no piensas en nada?”, insistió Ella.

“Pienso en lo mucho que me gustas”, trató Él de convencerla.

“¿Por qué te gusto?”.

Él no supo responder. Pensó en que realmente no le gustaba. En que prefería a su esposa. Pensó en que estaba allí, porque Ella se le acercó, él estaba solo, aburrido y hastiado de vivir sus días sentado en un escritorio revisando documentos repletos de números y códigos. Recordó cuando supo que no obtendría el puesto que necesitaba para salir del lío económico que le provocó su adicción a las apuestas.

Esa noche era su cumpleaños. De seguro, su esposa le había preparado una cena que terminó dentro de varios contenedores plásticos, luego de que Él la llamara con la excusa de una reunión de última hora con el jefe. Pensaba en esto mientras sin darse cuenta, apretaba firme con las yemas de sus dedos el cuello de Ella.

Ya no tenía la respiración agitada. De hecho, apenas respiraba. Sus intentos de tomar aire se ahogaban con el ronroneo asmático del aire acondicionado.

Él presionaba y pensaba en el charco de sangre en que encontró a su esposa la noche en que se deshicieron sus planes de tener un hijo. Casi pudo oler el feto que parecía flotar en aquel lago rojo. Y así, la garganta de Ella se llenaba de un sabor amargo, el ronroneo acondicionado se escuchaba cada vez más lejos, el temblor de sus piernas disminuía, la presión con que sujetaba las sábanas iba cediendo.

Friday, February 25, 2011

A oscuras

Apaga la luz
que quiero cegarme
en tus profundas cicatrices
y arroparme en ellas.
Sentir el puño
de horas fugaces
hasta crecer mis
brazos sobre ti

Llena mis pupilas de humo
Exorciza el dolor de tu lengua
Dentro de mi matriz ausente
Que quiere parirte un castillo de arena.

Cierra la ventana y asfixia
el dolor de quererte partir
en granos, cristales, botellas vacías,
en las caracolas que te quiero cantar

¿No ves el destello de los brazos
donde quiero embriagarte de soles?

Respira que hoy la muerte no llega
Sólo una nube,
sólo la hoguera,
sólo los globos
que vuelo por ti

Tus sales me salivan la raíz
Desgarrando el cemento de mis amapolas

Ven,
Deja que me masturben tus demonios.
Hazme engendrarte de marfil
Mientras derrumbas el castillo de la muerte

Sin respirar, como ido,
como vivo, como resucitado
entre mi almohada
y el sepulcro de la Luna.

Tuesday, November 9, 2010

Mientras dormías

El globo se posa
en el vórtice de tu espalda.
Los secunderos se columpian
en medio de tus pestañas
de niño, de hombre, amante.

No escondas el negro.
Déjame arroparme con su manto.

Juegas, niño hecho de hojas,
en el blanco de tus bucles salados.

Incéndiame tú, mi niño,
sol de océanos que me bautizan.

Vik, vik, vik...
gotas caen,
fierros suenan,
miradas pulsan
y ahí estás.

Todo tú para mí,
todo yo para ti.
Todo el fuego,
toda la noche en nosotros.

Tuesday, September 14, 2010

En el tintero...

Eres página en blanco
donde quiero derramar mi tinta,
orilla que abrazar
con cada rizo de tus olas.

Eres algodón
para arropar nuestro mañana.
Sonríes, niño hombre,
montaña, mar, espejo.

Eres libro abierto,
como abierto tu cielo,
como dulce tu cuello,
los bucles donde se mecen
todos tus eclipses.

Eres tinta que atraviesa
cada poro de esta carne.
Aguja que penetra
con el filo de pupilas
cada uno de los sueños
de esta nave anclada aquí.

Toma mis páginas, tú,
prólogo de ojos matinales.

Estampa aquí tu firma,
que este cuento no tenga salidas.

Sunday, June 13, 2010

Edén del Olvido (Poema para Luis)


"Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman..."
-Luis Cernuda

Muéreme, Luis en tus suspiros.
Deseos erguidos, pasajeros
en la nave del olvido,
naufragio que encalló en mi tinta.

Fúgate, fuguémonos en nubes,
niebla de algodón humedecido.
Hoy te escribo en esta Luna.
Habito olvidos, tulipanes y vacío.

Bates tus alas infinitas,
deseos de pájaros sin vuelo.
Suspiras sobre mi espalda intermitente
en el triste sonar de noches clandestinas.

Te veo, Luis.
Tu cigarro asfixia el ansia mustia.
Tendido sobre flores incoloras
cuyo destinatario
ya sin nombre no maldigo.

Lenta cae la ceniza de tu muerte,
sollozando sin decir a quién amaste
y yo aquí sin saberme vivo
por temor a morirme sin saberlo.

Buscas tu baraja, Luis
en tus calles de Olvido, pueblo
del país donde todo nace muerto
como tu silueta, tu sombra y tu sonido.

Tarde llego a tu pecho marchito,
cuando la blanca rosa
en blancas llamas te bautiza.

Penetrante realidad, Luis
mi deseo, tu invierno,
la avalancha de gaviotas
arropando tu estrenado Edén.

Duerme, Luis que el alba llega
y a rendirme cuentas ha venido
a vivirme muerto en soledades,
en cementerio de placeres amarillos.

Ya no hay ojos que te lloren,
peregrino de otra orilla.

Hoy, sólo campanas sin retorno.
De mí quien no fui tu compañero
de tu vida, tu viejo solitario;
quien codicia la caricia de tu verbo
ahogado en el naufragio de tus versos.

Saturday, June 5, 2010

Otra vez me pilló esta nube

Otra vez me pilló esta nube
Trazando tu triángulo de lunares,
Tres puntos cardinales
De tu rosa de los vientos.

En la espalda curvilínea
De este amanecer caribe
Rasgué vértebras
Para nacerte sobre mí.

No aparecían tus pupilas,
No sembraban tus brazos,
No colgaba en tu trapecio.

Ojos que se cierran para verte,
Piernas que se abren pa' inventarte.
Camas que me abrazan,
Puertas que me abrasan.

En esta noche tampoco estabas,
En el mármol salado,
Casi trigo, casi oxidado
No habías tú.

Tu saliva ya no es mía,
Ni míos tus párpados,
Ni mías tus cejas,
Ni tu pie o tu mapa.

Otra vez la nube,
Cordillera que nos divide.
Hoy cuelgas tú
Y yo sigo purgándote
En los resortes que hoy te sueñan.